miércoles, 4 de julio de 2012

6-7 4-6 Placer y derrota

Llevo tiempo buscando el sentido en mi tenis. Esta búsqueda viene de un cambio en la filosofía de jugar. Me ha resultado un gran reto personal afrontar este cambio, algo que aparentemente no es más que un juego. El juego visto desde el punto de vista que no hay nada que perder. Pero esa idea cambia cuando el tenis pasa de un origen lúdico a uno competitivo, competitivo entrecomillado pues no hay que olvidarse que esta clase de tenis es para mortales.
Llevo tiempo sin escribir en este blog pues no encontraba una razón para ello. Eso mezclado con el pozo personal-emocional en el que caí hace tiempo hizo que no encontrara motivo para escribir.
En el tenis hay un punto de referencia, un punto focal, un punto de equilibrio desde el que el juego se desarrolla. Tu rival. Un rival que en mi caso tiene dos caras: amigo o desconocido.
Mi tenis hasta los 36 años era un tenis para jugar con amigos, con gente conocida, con juegos conocidos. Y la filosofía se basaba en la apetencia por jugar. Vamos a jugar. Jugamos con unas reglas establecidas con un entorno establecido y conocido. Mi conocimiento sobre ti te hace vulnerable si yo se tus debilidades. Las debilidades se aprenden experimentalmente.
Al introducirme en el mundo competitivo la filosofía inicial mía seguía siendo la misma, "jugar por jugar". Pero llegó a un punto de inflexión en el que esa filosofía perdió su valor. Y entró una nueva idea para mi completamente desconocida "jugar para ganar".
Esta nueva idea fue haciendo mella en mi forma de jugar. Lo que antes era un simple golpe ahora se convertía en un break que podía ser clave para ganar el partido. Lo que antes una doble falta no era nada, ahora se convertía en una guillotina que te cortaba las pelotas.
Y me perdí en esa nueva idea, en esos nuevos pensamientos. Y me perdí en otro tipo de pensamientos aún más destructivos. Lo que antes servía ahora no era útil. Entonces decidí cambiar mi tipo de juego. Me volví mucho agresivo. Las personas con la que jugaba eran muy conservadoras y sentía la necesidad de ser más agresivo. Pero al aumentar el riesgo aumenta el error. Luego mi juego se fue volviendo más errático, más aleatorio, más impredecible. Y eso me ha llevado a perder y perder y perder partidos contínuamente.
Perdí la esencia de mi juego, jugar por disfrutar, para encontrar la esencia del error, la frustración. Y esto me llevó a un gran bache mental.
Pero hoy es el día que he disfrutado de mis errores...y de mis aciertos. El resultado global es efímero. Lo que cuenta es la sensación, aquella sensación perdida años atrás.
Lo que cuenta es que alguien te está esperando después de un partido intrascendente.
Alguien a quien has perdido.
Alguien a quien tienes la esperanza de volver a ganar.
La pelota da en la cinta...
¿Cae de tu lado o del otro lado?
Se verá en el siguiente partido.



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